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¿Qué es la alimentación macrobiótica y cuáles son sus ventajas?

Liliana Racauchi explica en su libro “Principios de macrobiótica” que la macrobiótica no consiste sólo en comer o no determinadas cosas, sino que es una forma de vida. Macrobiótica significa “vida grande” (macro: grande, biótica: vida) y su finalidad es el fortalecimiento personal a partir de una purificación. Una persona que purifica y limpia su organismo permite que todos sus órganos funcionen correctamente.

La macrobiótica, por otro lado, genera una revolución en la calidad de la sangre, ya que generalmente está contaminada por el exceso de alimentos de bajo valor nutritivo y adulterados por productos químicos y artificiales.

Una sangre de buena calidad es ligeramente alcalina; la carne, los lácteos, el azúcar, la harina refinada (blanca), los enlatados, las galletitas, alfajores, café, té negro, gaseosas, etcétera, acidifican la sangre y esto es tierra fértil para el desarrollo de muchas enfermedades.

Sus orígenes

La macrobiótica fue presentada por el japonés George Ohsawa, quien consideraba que hay un “principio universal” que permite entender el funcionamiento del mundo: este principio es el de la complementariedad entre el Yin y el Yang: dos fuerzas opuestas pero inseparables. Según esta visión, todas las cosas de este mundo están regidas por la dinámica permanente entre estas dos fuerzas.

La filosofía oriental define el cuerpo, el pensamiento y el espíritu como partes de un todo. Ohsawa explica que si se come según este principio, el organismo entero se armoniza. El equilibrio del cuerpo a través de una buena alimentación permite que la mente funcione mejor, que haya mayor claridad y lucidez. Un organismo purificado puede eliminar las tensiones, los miedos, la ansiedad, y hay mayor comprensión de las situaciones.

La alimentación macrobiótica

El equilibrio del organismo humano sería de cinco Yin (presencia de sodio) por un Yang (presencia de potasio). El principio de una buena alimentación sería, pues, el de tomar alimentos que respeten esta proporción para que sean bien asimilables. Así pues, con el fin de equilibrarlos, uno los yanguizará (eliminará el exceso de Yin) a través de diferentes técnicas culinarias, como la cocción o la adición de sal, o los yinizará (eliminará el exceso de Yang) gracias a la fermentación, la maceración, entre otros.

Principios básicos: la calidad de la alimentación determina la calidad de vida

Ohsawa hablaba de “vivir de forma pobre” o “vivir sólo con lo que es necesario”. Comer tan sólo cuando se tiene hambre y sólo la cantidad necesaria; tomar alimentos provenientes del medio en el que se vive y de temporada; consumir alimentos lo menos manipulados posible (integrales, sin abonos ni productos químicos, etcétera) sobre todo si se trata de productos animales; y masticar concienzudamente cada bocado. 

Los alimentos

A través del estudio de Yin y Yang aplicado a la alimentación, se puede situar cada alimento en relación a las diferentes necesidades u objetivos del individuo. Por ejemplo, para realizar trabajos que necesitan mucha fuerza física no se comerán las mismas cosas que cuando se realiza un trabajo sedentario; tampoco se tomará lo mismo cuando se es un bebé o un abuelo, ni cuando se está enfermo o en buena salud.

Cada uno tiene que encontrar su macrobiótica. Cada caso es particular y todo cambia en permanencia. La noción esencial que caracteriza esta enseñanza es la de non credo, es decir, “no creer ciegamente”.

A partir de las observaciones acumuladas durante miles de años por las tradiciones extremo-orientales, George Ohsawa propone un cierto orden en la alimentación:

  • Los cereales integrales son los alimentos principales porque constituyen el 60 por ciento de la ingesta diaria. Su equilibrio Yin-Yang sería el que más se aproxima al de nuestro organismo. Se deben consumir en forma de granos integrales porque cuando un alimento está refinado se lo desequilibra. Ejemplos: arroz integral (se consume diariamente), cebada integral y perlada, mijo, trigo candeal y burgol, avena, centeno, maíz, quinoa. 
  • Legumbres y vegetales cocinados constituyen el 40 por ciento restante, en formas de sopas, al vapor, rehogados, fritos, etcétera, y de vez en cuando en ensalada. Estos son: zanahoria, bardanas, rábanos, cebolla, zapallito, zapallo, repollo, brócoli, coliflor, remolacha (de vez en cuando), lechuga, acelga, chauchas, choclo, apio, pepino, etcétera. El tomate, la papa, la berenjena y el hinojo acidifican la sangre si se lo consume diariamente. Dentro de este 40 por ciento están las algas, el jenjibre, las ciruelas umeboshi, la araruta, semillas de sésamo. Las proteínas de origen animal como el pescado, huevos, queso de cabra y pollo de campo pueden consumirse según las necesidades de cada uno.
  • Alimentos específicos. Al principio se utilizaban raramente fuera de este tipo de alimentación, como algas, derivados de la soja como el miso y el tamari, los tés verdes “de tres años”, las ciruelas umeboshi, etcétera. Se les llama así, en parte por sus cualidades a menudo medicinales. Por otra parte, se trata de alimentos Orientales, de origen japonés aunque siendo ahora cultivados y cosechados cada vez más, en Occidente.
  • Dulces. Pueden ser las frutas como manzanas, peras, damasco, frutillas, cereza, melón, naranja, entre otras. Las pasas, almendras, nueces y castañas se usan para hacer postres. También se usa miel ocasionalmente.

 

Liliana explica que: “En un cuerpo menos contaminado existen mayores posibilidades de desarrollar sentimientos nobles”.

Fuente: “Principios de Macrobiótica. Aprender a comer y a vivir en libertad”, de Liliana Racauchi.