Esto pasó en el primer encuentro de música surera

A la tarde del viernes 10 de julio, Omar Moreno Palacios escribió el prólogo del primer Encuentro de Música Surera, que se desarrolló hasta el domingo 12 en General Belgrano, provincia de Buenos Aires, con jugosas charlas, un encuentro de payadores, el cierre del programa escolar “Canto compartido” y la actuación de la joven quilmeña Lucía Ceresani, como frutilla de un menú que tuvo a los grandes referentes de los ritmos de la llanura pampeana.

“El año pasado logramos armar el primer encuentro de institutos belgranianos en General Belgrano. Siempre me gustaron los desafíos. Por eso cuando el Director de Cultura e comentó que iban a armar el encuentro de payadores pensé en articularlo con un encuentro de música surera, que nunca se había hecho y que la ciudad lo recibió con los brazos abiertos”, cuenta Juan Cruz Guillén, Director de Turismo de General Belgrano y ex miembro del Ballet Folklórico Nacional en tiempos de Santiago Ayala, “El Chúcaro”.

El mismo viernes, en el lugar que sirvió de refugio para la movida, la Casa de la Cultura “Miguel Briante”, Octavio “Tato” Taján desentrañó los misterios de la composición musical, lo mismo que hicieron Miguel Hours y el Pampa Yamarín respecto de los viejos ritmos y temples sureros. A ellos los coronó Omar Moreno Palacios, cerrando la primera noche.

“Estos grandes son galletas de pan que dejan miguitas que uno va recogiendo, porque cada palabra de ellos es un tesoro”, dice Guillén respecto de quienes integraron las mesas: Antonio Rodríguez Villar, presidente de la Academia Nacional del Folklore, Atilio Reynoso, estudioso de los ritmos de la llanura, y Eduardo “Negrín” Adrade, compositor de alta fuste del cancionero nacional.

El sábado, cuando el gris de la tarde se iba haciendo negro por la noche y llegaba un viento fresco desde el río Salado, Atilio Reynoso subió al escenario para contar la historia de los ritmos sureros. “Yo siempre me peleo por el canto de la Provincia”, dijo. Y narró algunos de los 33 ritmos que tiene Buenos Aires: el origen andaluz de la Cifra, el peruano del Triste, ejemplo del cual tomó la preciosa canción El zorzal y la canaria, que cantó con delicadeza de alfarero. Lo mismo hizo con el Triunfo, que bailó una pareja de Cañuelas, vestida a la vieja usanza.

Con la huella arrancó el cantó de todos: “A la huella, a la huella, de mis paisanos, me gusta cuando digo soy de Belgrano”, cantó, para el aplauso general. Luego soltó un Estilo y reveló que supo ser un ritmo cantado en varias provincias del norte del país antes de quedar como una marca registrada de la pampa húmeda. Dejó una perla: el vals No quiero pero quiero, de su autoría y cerró con la milonga La matera de San Francisco.

“Dicen que la música folklórica es aburrida, que no tiene rating, que no vende, que no gusta, que no trae gente. Acá viene Carlos Ramón Fernández, “El chacarero cantor” y lo llena, pero fracasan comedias que vienen desde Buenos Aires con toda la promoción y no juntan la gente que sí reunen los payadores”, compara Guillén.

“Caminamos por las escuelas rurales llevando las canciones de distintos autores. Este año, compartimos dos canciones de Omar Moreno Palacios”, revela Carlos “Calala” Firmani, Director de Cultura de la comuna, además de músico. “Tenemos una riqueza tremenda de autores, que no está difundida, porse pone el foco en lo comercial”, lamenta el funcionario, que realza la vigencia del arte de la payada. Ese mismo fue el tema de la estudiosa Estela Valle, que presentó: “La payada, patrimonio nacional”, tal el título de su charla, que giró en torno de la identidad como constructora de una nación, la forma de demostrar que toda la música puede resumirse en las seis cuerdas de una guitarra.

 

Foto: Alejandor Iena

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