Día internacional de la Mujer, historia, homenaje

La verdadera historia detrás del Día Internacional de la Mujer

En 1977 las Naciones Unidas establecieron el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora -o Día Internacional de la Mujer- para reafirmar la plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural. 

La primera celebración fue el 19 de marzo de 1911 en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, y su conmemoración se ha venido extendiendo a numerosos países.

La fecha tiene sus orígenes en el movimiento internacional de mujeres socialistas de finales del siglo XIX, en plena revolución industrial, que promovía la igualdad de derechos sociales, civiles y laborales entre el hombre y la mujer. En particular, durante la Revolución francesa donde las mujeres parisinas marcharon hacia Versalles para exigir el sufragio femenino.

Día internacional de la Mujer, historia, homenaje

Sin embargo, la fecha elegida para conmemorarlo coincide con dos grandes eventos en los que las mujeres trabajadoras fueron víctimas y protagonistas: uno de ellos, fue el movimiento de protesta por la falta de alimentos iniciado por las mujeres rusas el 8 de marzo de 1917 que desembocaría en el proceso revolucionario de octubre de ese año.

El otro acontecimiento fue el incendio en Nueva York de la fábrica textil Cotton el 25 de marzo de 1911, en el que 123 trabajadoras de la confección y 23 hombres murieron quemados.

Los orígenes de la lucha 

Durante la Revolución francesa la mujer tomó conciencia, por primera vez y de manera colectiva, de su situación social. Marchando hacia Versalles junto a los hombres, las mujeres parisinas reclamaron la igualdad social bajo el lema «libertad, igualdad y fraternidad». Se produjeron las primeras peticiones formales de derechos políticos y ciudadanía para la mujer. Así lo refleja la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de 1791: uno de los primeros documentos históricos que propone la emancipación femenina en el sentido de la igualdad de derechos o la equiparación jurídica y legal de las mujeres en relación a los varones así como el sufragio femenino.

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Los primeros grupos feministas en el movimiento obrero tendrán como gran aliado teórico el libro de Friedrich Engels, publicado en 1884, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado y surgirán dentro de los movimientos anarquistas que reivindicaban la procreación consciente del proletariado, la separación entre sexualidad y reproducción, la defensa de la maternidad libre, la liberación femenina, la libertad sexual, la promoción de la planificación familiar, el cuidado de los niños así como el uso y difusión de métodos anticonceptivos artificiales.

En 1910, en la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas reunida en Copenhague, se reiteró la demanda de sufragio universal para todas las mujeres y, a propuesta de Clara Zetkin, se proclamó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Además de ella existieron otras pioneras en la reivindicación de los derechos de las mujeres como Rosa Luxemburgo, Aleksandra Kolontái, Nadezhda Krúpskaya e Inessa Armand.

El incendio de la fábrica de camisas Triangle Waist de Nueva York

Ocurrió el 25 de marzo de 1911 y fue el desastre industrial con más victimas mortales en la historia de la ciudad de Nueva York. El fuego causó la muerte de 123 trabajadoras de la confección y 23 hombres por quemaduras, inhalación de humo y derrumbes. La mayoría de las víctimas eran mujeres jóvenes inmigrantes de Europa del Este e Italia de entre catorce y veintitrés años de edad.

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Muchas de las trabajadoras muertas venían participando de la lucha por sus derechos y habían encabezado la huelga del invierno de 1909, que se extendió a 20.000 compañeras afiliadas al Sindicato internacional femenino de Trabajadores de la Confección.

Las obreras reclamaban a sus patrones mejoras salariales, reducción de la jornada laboral a ocho horas, descanso dominical y el fin de la explotación de los niños; y al gobierno federal, el control de las condiciones de higiene y seguridad. Denunciaban la inexistencia de salidas de emergencia y de elementos para combatir incendios, muy frecuentes en el rubro textil.

Las condiciones laborales en aquellos establecimientos fueron descritas por una obrera de la siguiente manera (cita del libro “Mujeres tenían que ser”, de Felipe Pigna): “¡En esos agujeros malsanos, todos nosotros, hombres, mujeres y jóvenes trabajábamos entre setenta y ochenta horas semanales, incluidos los sábados y domingos. El sábado a la tarde colgaban un cartel que decía: ‘Si no venís el domingo, no hace falta que vengas el lunes’. Los sueños infantiles de un día de fiesta se hicieron añicos. Nosotros llorábamos porque, después de todo, éramos sólo unos niños”.

La fábrica ocupaba los pisos 8, 9, y 10 del Edificio Asch, en la esquina noroeste de Greene Street y la Washington Place. Bajo la propiedad de Max Blanck e Isaac Harris, la fábrica producía blusas de mujeres, conocidas como “shirtwaists.” Normalmente empleaba a 500 obreros, mayormente mujeres jóvenes inmigrantes , con un horario de nueve horas diarias más siete los sábados, que ganaban por 52 horas de trabajo a la semana, entre 7 y 12 dólares, (equivalente en 2014 a 166 dólares la semana).

La tragedia se debió a la imposibilidad de salir del edificio en llamas ya que los responsables de la fábrica cerraron todas las puertas de las escaleras y las salidas, una práctica común para evitar el hurto de mercancía. Según un informe del Jefe de Bomberos, el incendio pudo provocarse por una colilla mal apagada tirada en un cubo lleno de restos de tela que no se había vaciado en dos meses. Un artículo del New York Times sugería que podía haberse originado en el motor de una máquina de coser. Muchas de las trabajadoras, al no poder escapar del edificio en llamas, saltaron desde los pisos octavo, noveno y décimo a la calle.

El incendio del la fábrica no pasó inadvertido y la marcha convocada en recuerdo de las víctimas y como denuncia de la empresa que no ofrecía a sus trabajadores las mínimas condiciones de seguridad e higiene, reunió en Broadway a más de 100.000 personas.

Todo esto obligó a importantes cambios legislativos en las normas de seguridad y salud laborales e industriales y fue el detonante de la creación del importante Sindicato internacional de mujeres trabajadoras textiles, que lucharía por mejorar las paupérrimas condiciones laborales de esos tiempos.