Memorias tergiversadas

Libros: Memorias tergiversadas

¿Si el autobiografiado es un impostor? ¿Si se escribe una autobiografía para burlarse de las autobiografías y de sí mismo? ¿Es posible eso? ¿Podemos decir que Jorge Asís lo hace o en el fondo simula hacerlo? Preguntas que surgen antes de comenzar a leer las Memorias tergiversadas de Jorge Asís. Por Andrés Buisán.

¿Qué memorias no son tergiversadas? Si los propios recuerdos, por definición, son versiones distintas de aquello que evocan, ¿no serán todas así? ¿Cómo es que alguien decide escribir sus memorias? Evidentemente, por alguna autoconsideración, una autoreputación, una deuda sentida con la sociedad, con los otros. Deuda que puede ser subestimación o sobreestimación de los demás hacia uno. La singularidad o el reconocimiento social, hoy, parecerían no ser tan necesarios para merecer una biografía, autobiografía o memoria. Incluso, diríamos, la publicación de los diarios. Lo público y lo privado, desde hace un tiempo, son nociones relativas, porosas, cuyos límites gusta correrse o anularse con facilidad. La vida privada se ha vuelto espectáculo y el espacio biográfico tópico de la lógica hegemónica de los discursos, según Leonor Arfuch.

Las memorias de Asís recuperan muchos episodios no siempre dispuestos de forma cronológica. Sin embargo, desde el primer capítulo al octavo, hay un arco temporal que va desde el rechazo que produjo el best seller Flores robadas en los jardines de Quilmes, hasta apenas entrado el gobierno kirchnerista. Los episodios de los capítulos recorren el exilio de algunos y “el quedarse” de otros durante la dictadura cívico militar, el posterior intento de Asís de instalarse en Madrid; su condición de embajador de la UNESCO entre 1989 y 1994; además, se comenta su propuesta de ley nacionalista de la lengua, realizada desde su cargo de Secretario de Cultura de la Nación durante el menemismo; su estadía en Portugal como embajador; el ofrecimiento de Rodríguez Saá a secundarlo en su candidatura fallida en las elecciones presidenciales de 1999 y escraches por su vinculación con el menemismo hacia la crisis de 2001 y en 2002.

Memorias tergiversadas

Todos estos capítulos y momentos de su vida se ven atravesados por anécdotas con mujeres, su relación con un biógrafo, los dolores de cintura y el persistente intento de comprar libros en París. Estas anécdotas mundanas van configurando al personaje que se ríe de su condición de escritor, de sus críticos y, fundamentalmente, de sus cargos políticos. El narrador nombra en tercera persona al propio Asís, la mayoría de las veces como Zalim, pero también con denominaciones sarcásticas: Su excelencia, Sr. Secretario, El protector de la lengua, entre otros.

Párrafo aparte merecen los últimos cuatro relatos, que parecen cuentas pendientes. Un fabuloso relato sobre las estrategias utilizadas por el Sr. Embajador para eludir la propuesta que le habían acercado sobre la realización de un homenaje al pintor Marcos Gottardi Usandivaras. Otro relato cuenta el secreto de Amanda: la aparición con vida, en Pinamar, nada menos que de Jardán. Por último, las otras dos historias son sobre mujeres: la “entrega” de Sofía a su ahijado y la historia de una “pendeja para quilombo”, a quien el creador supo identificar a tiempo.

Las memorias tergiversadas son, entonces, un conjunto de episodios que mezclan vida cotidiana, diplomacia de NADA, provocaciones e historias de camas. También, autoelogio y autodesprecio, armas letales para desacreditar “adversarios” simulando reírse de sí. Si uno tiene la expectativa de encontrar información política jugosa, propia de un sujeto que sabe administrarla, deberá indagar bastante. La hay, aunque no mucha y subterránea. Las memorias despliegan olvidos y omisiones, a la vez que, como las obras literarias, construyen un personaje. En este caso, divertido, sarcástico, filoso y muy audaz; para narrar, conversar, acostarse y ubicarse, no tan casualmente, en lugares que, diría él, al menos le permiten –o permitieron- salir de la lona y sobrevivir.

Memorias tergiversadas. Jorge Asís (Sudamericana), 297 páginas.

 

 

 

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